EL NIÑO DE LAS PALOMITAS Y EL SANTO QUE NO ES SANTO: DOS EVOLUCIONES EN LA RELACIÓN ENTRE DEVOCIONES POPULARES E INSTITUCIÓN.
Ante este texto, poco puedo rescatar, pero con mucho contenido y es que en este texto me he podido dar cuenta del tradicionalismo que ha surgido en algunos ámbitos de la religión, dentro de los cuales puedo encontrarme con algo que me llama mucho la atención, me refiero al peso que se a depositado en la creencia a las imágenes, digo esto porque lamentablemente hemos caído en un tiempo en el que “el niño de las palomitas o el santo que no es santo” (por ejemplo) se han apoderado de la condición humana de algunas personas y a la vez me es curioso verificar que estas imágenes han causado conflictos serios entre los creyentes.
Vale decir que en el presente texto, sale a flote una vez más el culto, el cual debo decir que se ve justificado, con lo que santuarios e imágenes se han convertido en parte de la institución y reciben la bendición de legitimidad por parte de la jerarquía. Con base en lo ya dicho debo rescatar que en el texto se alude a los famoso narcocorrido en el cual se ha tendido a establecer un bandolerismo social, digo esto porque, como se sabe “entre broma y broma la verdad se asoma” ya que partiendo de esta frase puedo aclarar que la religión se ha institucionalizado que ante lo social ha perdido peso y por ello yo creo que se ha querido hablar al respecto en analogías en este caso catadas.
Finalmente debo rescatar que una diferencia muy palpante en este texto cosiste en que debemos o deberíamos aprender a distinguir al hombre de los santo, porque por dignificar tanto a una persona siempre habrá rivalidades e incertidumbre que no nos harán ni de aquí (religión), ni de allá (gobierno), puesto que por los dos lados la situación conflictiva tiene su recompensa, por eso cierro con la frase 2ni tanto que queme al santo, ni poco que no lo alumbre” a cada cosa su valor.
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